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Renegociación con el FMI: una nueva oportunidad de consenso

La Argentina es ese tipo de país en el que, si te vas una semana, cambió todo. Pero si te vas diez años no cambió nada.

José Lezama

Director del Centro de Producción Documental. Economista UBA.

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La Argentina es ese tipo de país en el que, si te vas una semana, cambió todo. Pero si te vas diez años no cambió nada.

A lo largo de nuestra historia como nación hemos estado discutiendo problemas tales como: los sistemas de precios, el nivel de intervención que debe tener el estado en la economía, la sociabilización o no de los excedentes de riqueza, el perfil productivo nacional, la centralización o federalización de la forma de gobierno, la cuestión impositiva, si estar más o menos abiertos al mundo, de nuestra integración regional, de apostar a lo nuestro o “vendernos” a lo extranjero.

Son muchos los debates que nos hemos dado. Pero qué pasaría si dejásemos de debatir y decidimos un camino, una forma. Dicen que se hace camino al andar y eso es algo que hemos olvidado.

Es de público conocimiento que nuestro país vive, como tantas otras veces, un momento muy complejo en lo socio económico. Desde el inicio de la gestión de Alberto Fernández, el tema más importante ha sido el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Más allá de las causas y las consecuencias que tan extensamente hemos tratado en ediciones anteriores, lo cierto es que estamos en un punto de “no retorno” en el que la resolución del planteo debe darse en el corto plazo para empezar a dar algún atisbo de previsibilidad a tan compleja administración.

Esta resolución ha significado, según los trascendidos de fuentes oficiales a través de medios de comunicación informativos, en una propuesta de dilación de los plazos de pago con una menor carga de capital durante los próximos dos años y una nueva oportunidad para la Argentina en los mercados internacionales de capitales.

El Fondo sabe muy bien que este tipo de renegociaciones con países como el nuestro son necesarios para mejorar algo de su ya muy deteriorada imagen: los préstamos otorgados a lo largo de décadas junto a un conjunto de políticas económicas de corte neoliberal estandarizadas, no han logrado mejorar la calidad de las personas, ni siquiera resolver problemas serios de distribución ni accesibilidad a servicios de parte de sectores poblacionales vulnerables).

Volviendo a la Argentina, recordemos que nuestro país va a tratar la propuesta de acuerdo, que previamente ha trabajado junto al FMI, en el marco del poder legislativo y esto no representa un dato menor. En este tipo de contextos en el que se ponen en juego la credibilidad de la dirigencia política y se expone ante la sociedad cuál es el nivel de maduración de nuestros representantes, es necesario que se garanticen las instancias democráticas de debate y expresión y se tome una decisión compartida en el que de una vez por todas demos señales de entendimiento político despojado de color.

Un país como la Argentina que viene caminando desde hace muchos años, senderos espinados, no muy claros, necesita tomar decisiones que empiecen a despejar parte de ese camino. Es sin lugar a dudas un momento histórico (tan histórico como el momento en que se aprobó el último crédito brindado a nuestro país por parte del FMI), por los siguientes 3 motivos principales:

  1. Señales positivas desde el marco político, revelan maduración de la dirigencia política poniéndose de acuerdo en el tema más importante para el país.
  2. Seguir accediendo a mercados internacionales de crédito. Más allá del acuerdo con el FMI, nuestro país sigue manteniendo compromisos de pago de deuda y ante la dificultad de poder generar (por lo menos en el corto plazo) el ingreso de divisas suficientes para atender sus obligaciones internas y externas, necesita sí o sí de fuentes externas.
  3. Lo anterior se torna relevante toda vez que se busca atenuar el ritmo de emisión monetaria, lo que implica un ejercicio clave de priorización del gasto público con impacto directo esperado de menor tasa de inflación.

Por último, recordemos que el dato de inflación del mes de enero último fue del 3,9%. Pareciera que nos hemos acostumbrado a vivir con una inflación anualizada que supera el 50%. Ello no sería un problema si los ingresos nominales crecieran en promedio en la misma cuantía, pero bien sabemos que ello no sucede. Si bien la brecha precios – salarios se ha ido acortando en estos últimos dos años, la cuenta sigue dando mal. Dado este escenario, el tercer punto mencionado anteriormente toma relevancia. Naturalmente, no deberíamos depender de un acuerdo con el FMI para resolver dicha situación, pero siendo estas las circunstancias, aprovechemos la oportunidad.

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