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Un Cisne Blanco que no tiene sentido

Un mundo hiperconectado como el actual permite cierto grado de inmediatez y réplica de hechos y sus consecuencias en casi todas las latitudes del planeta. Ni siquiera las Guerras Mundiales ni accidentes nucleares como el ocurrido en Chernobyl, tuvo el impacto global que sí tuvo COVID-19.

José Lezama

Director del Centro de Producción Documental. Economista UBA.

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Ya son más de dos años en los que los seres humanos hemos convivido con la pandemia por COVID-19 y somos parte de aquellos que tienen la posibilidad de poder contar a las futuras generaciones cómo hemos transitado este período único en la humanidad. Nunca antes un evento de este estilo tuvo el alcance global de este virus. Un mundo hiperconectado como el actual permite cierto grado de inmediatez y réplica de hechos y sus consecuencias en casi todas las latitudes del planeta. Ni siquiera las Guerras Mundiales ni accidentes nucleares como el ocurrido en Chernobyl, tuvo el impacto global que sí tuvo COVID-19.

En terminología de NASSIM TALEB , se trató de un Cisne Blanco. Esta pandemia no fue novedad para el mundo científico. Se trató de un evento que era estudiado y analizado desde hace bastante tiempo por su alta probabilidad de ocurrencia . A pesar de las diferentes señales y advertencias, el COVID-19 nos encontró con un mundo con escasa capacidad de respuesta frente a un fenómeno planetario, con afectaciones globales y de alta intensidad. Por la naturaleza del virus, su primer golpe encajó directamente en los sistemas de salud de todos los países, que han sido afectados antes o después y en mayor o menor medida. La mayoría de los países reveló su alta fragilidad y se vio desbordada ante las oleadas de personas infectadas, pues no tenía los equipos sanitarios suficientes para atenderlas ni los medicamentos y equipos necesarios para curarlas. Pasado el primer cimbronazo, y dado el enorme trabajo de los especialistas de la salud y la celeridad del mundo científico el sistema sanitario mundial pudo reconfigurarse gracias al fuerte apoyo público – privado y el tránsito de la pandemia, aunque siempre frágil, pudo en buena medida responder a la demanda de atención para casos confirmados y en acciones preventivas a través del despliegue de las vacunas.

Dos años después, y después de transitar nuevas variantes del virus y sus respectivos rebrotes, el mundo cuenta con buena parte de su población vacunada con las dosis necesarias para hacer frente a las variantes conocidas y evitar así volver a las etapas más duras de las restricciones que los gobiernos del mundo han adoptado hasta no mucho. Han sido dos años muy complejos, de los más difíciles y aún más por la cantidad enorme de pérdidas humanas que produjo COVID-19.

Según un estudio reciente de The Lancet , aunque las muertes por el virus notificadas entre el 1 de enero de 2020 y el 31 de diciembre de 2021 totalizaron 5,94 millones en todo el mundo, estimamos que 18,2 millones (intervalo de incertidumbre del 95 % 17,1–19,6) personas murieron en todo el mundo debido a la pandemia de COVID-19 (medida por el exceso de mortalidad) durante ese período. La tasa mundial de exceso de mortalidad para todas las edades debido a la pandemia de COVID-19 fue de 120,3 muertes (113,1–129,3) por cada 100 000 habitantes, y la tasa de exceso de mortalidad superó las 300 muertes por cada 100 000 habitantes en 21 países. El número de muertes en exceso debido a COVID-19 fue mayor en las regiones del sur de Asia, el norte de África y el Medio Oriente y el este de Europa. Estos resultados, exponen a las claras el impacto terrible de la pandemia a escala global. En este 2022, año en el que aparentemente la humanidad volvía a retomar un funcionamiento normalizado en sus relaciones comerciales, diplomáticas y culturales, transita nuevamente un evento cuyo impacto podría ser también de escala global: la guerra ruso – ucraniana.

Es muy difícil ser optimista o positivo respecto al ser humano. En este contexto, en el que la guerra ya es noticia cotidiana , las palabras y las letras sobran y no queda otra más que mirar y escuchar todo lo que desde distintos portales de noticias nos puedan transmitir desde el lugar de los eventos mostrando siempre la peor cara del ser humano.

También es cierto que esta no es la única guerra que se libra en el mundo. Conflictos armados siguen sucediendo en Medio Oriente, Asia y África , pero esta guerra ruso – ucraniana es particularmente relevante por los actores que se encuentran en pugna: Rusia, Ucrania y los denominados países que componen la OTAN . Relevante es porque hablamos de las principales potencias económicas a nivel mundial, las que como consecuencia de la guerra han adoptado en bloque medidas económicas contra Rusia (potencia mundial en la producción gas petróleo y trigo por citar algunos productos estratégicos) y ello recorta varias proyecciones de recuperación económica mundial y genera trabas al flujo económico – financiero, necesario para recuperar las pérdidas producidas durante los últimos dos años de pandemia. Naturalmente, la cuestión humana se pone en el centro de atención y es lo más importante, pero este evento, este otro Cisne Blanco en este marco no tiene sentido. Así son las cosas.

Las proyecciones económicas de gobiernos, empresas y organismos internacionales relevantes han recalculado a la baja sus datos en materia de crecimiento económico y eso arrastra a un conjunto de otras proyecciones vinculadas: se espera un rebrote inflacionario importante, mayores dificultades en el acceso a materias primas clave (alimentos y energía), menor recuperación de empleo y menor velocidad de circulación de capitales hacia los países en desarrollo. Todo parece indicar que este 2022 seguirá la tónica del 2021, pero en este caso la causa principal de las dificultades no estará en un virus del que no tenemos (a la fecha) total certeza sobre su origen, sino más bien del ego humano.

[1] Autor del Best Seller “El Cisne Negro”

[2] https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/46802/1/S2100201_es.pdf

[3] https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S0140-6736%2821%2902796-3

[4] Recordemos que el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania empezó el 24 de febrero

[5] https://www.cfr.org/global-conflict-tracker/?category=us

[6] Organización del Tratado del Atlántico Norte

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