20 de May de 2019

Andrés Malamud: "El mundo está lleno de grietas"

Andrés Malamud nació en Olavarría. Graduado con honores en la carrera de Ciencias Políticas en la UBA, obtuvo después un Doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo.

Reside desde hace dieciséis años en Portugal, trabajando como investigador en la Universidad de Lisboa.

De formación y tradición política radical, se ha reivindicado como weberiano ortodoxo, aunque un poco gramsciano.
Se define como politicólogo, opinando siempre con ironía y precisión sobre la difícil coyuntura argentina.

Viajero incansable, alterna sus días ordenadamente: 8 meses en Lisboa, donde está su familia y "4 meses viajando y dando conferencias". Lo entrevistamos en Octubre de 2018, sin embargo el contenido de lo que nos dice es marcadamente actual y se muestra aún vigente.

Amable y distendido, rápidamente corta el usted con el que empezamos a formalizar.

Tuteame, ya que estamos.

-Dale, gracias.

-En Fundación GEO decidimos conformar conformar un Centro de Producción Documental. Entre todas las actividades programadas, están las referidas a publicaciones de documentos vinculados a cuestiones de economía, política y educación. Es de nuestro interés tratar estas temáticas en este contexto de país que aparece bastante complicado, por eso hemos organizado un ciclo de entrevistas a personalidades del ambiente público, y necesitamos incorporar la pata política, te contactamos por tu experiencia como politicólogo y por las notables conferencias que brindás.

Fenómeno, mucho gusto.

-Andrés, contanos cuál es tu rol y participación académica allá en Europa, y qué es lo que estás haciendo. Y también qué expectativa tenés de este tipo de trabajo.

Me considero un politicólogo tradicional, de formación comparatista en las ciencias políticas, y cuatro grandes sectores: la teoría comparativa, las relaciones internacionales, la teoría política y la administración pública. Derivé de a poco en las relaciones internacionales, pero en el fondo sigo siendo un comparatista, comparo procesos internacionales: de integración regional o política exterior, y particularmente sobre América Latina. También trabajé sobre integración europea, que es la fuente de teorización en los procesos de integración.
Yo estoy en un Instituto en la Universidad de Lisboa, donde hay varias facultades. Somos investigadores, en vez de profesores. Tenemos el mismo rango, el mismo salario, y no tenemos que trabajar.

(Risas)

-Qué bueno…

Trabajamos en el rectorado y nos evalúan por publicaciones. Mi trabajo se puede hacer en un avión, enviando archivos. Eso es lo que me da de comer.

-¿Cómo es culturalmente Lisboa?

Portugal es Europa del sur. Son familieros, amigueros, menos expresivos que los españoles e italianos, aunque con una vibra muy parecida. Son apegados al sol, la gastronomía y los cultivos. Tiene una calidad de vida alta no tanto por el nivel de ingresos -alto para nosotros pero en niveles bajos para lo que es Europa-, sino por todo lo demás: el nivel de seguridad es altísimo, y las relaciones sociales son muy agradables.

-O sea que el proceso de cambio no fue complicado.

(Sonríe)
No hubo un gran shock cultural. El sistema académico es más abierto en Portugal que en Italia, España o Francia; es más similar a Holanda o Gran Bretaña, permite que los extranjeros ganen concursos.

-¿Tenés un equipo multicultural, o te reunís más con argentinos?

Ambas cosas. Argentinos, portugueses, extranjeros… Acá la actividad social se desarrolla en portugués, y lo académico en inglés. Por ser un sistema abierto, tiene profesores y alumnos que vienen de todos lados, hay interés por captar gente de afuera. Desde un proyecto de investigación hasta una clase, todo se hace en inglés.

-Hoy en día con las redes sociales, y más vos, que vas y venís a la Argentina frecuentemente, viendo esta cuestión de la polarización y grieta que existe aquí, este Boca-River, peronismo-antiperonismo… ¿Es un caso de estudio la Argentina para Portugal?

No por esa razón. Aunque cueste creerlo, en cuestiones de grieta, Argentina, comparado con el resto del mundo, son cuatro escombros. El mundo está lleno de grietas, somos en este momento un país moderado comparado con Francia y Canadá.
China, Rusia, Turquía hoy tienen hombres fuertes, por ejemplo. Nos hace distintivos el peronismo, que es difícil encontrar en otras sociedades, porque es un sistema que quiebra transversalmente con todo lo que los occidentales piensan sobre clases e ideología. La normalización del peronismo nos transformó en un país normal.

Te doy un numerito que para mí es el más relevante de todos. El orden político contemporáneo está basado en el monopolio de la violencia legítima, o sea, del Estado. Cuando el monopolio está en disputa, tenemos fuerzas que se adjudican la capacidad de implementar la violencia de manera legítima. La violencia se mide en muertes, y éstas en homicidios. Argentina tiene una tasa de cinco asesinados cada 100.000 habitantes por año. ¿Es alto, es bajo?

Comparado con Europa, es alto. Es la misma tasa que tiene Estados Unidos, un país desarrollado, hiper violento. Seis veces menos que Brasil, que tiene treinta. Venezuela tiene arriba de cien asesinados. Para los cánones del mundo, Argentina no es un país violento.
Nuestra grieta es de palabra: Uno se enoja, se deja de hablar con los amigos, el cuñado…

Pero somos bastante moderados, aunque no siempre fue así. Brasil era en la región el país de la conciliación y Argentina el de la confrontación, tal vez porque la dictadura brasilera fue menos violenta. Acá fue más sangrienta y eso nos hizo dar un paso atrás, decir Nunca más.

Y en ese contexto muchas personas valiosas terminaron exiliadas o asesinadas. Hoy estamos siendo dirigidos por una generación de políticos entre cincuenta y sesenta años, que les falta conocimiento intelectual, y capacidad resolutiva. No existen esos viejos políticos de carrera que tenían otra visión. Hoy tenés que tener muchos followers para poder ser una persona que tome un nivel de decisión por sobre otro. Creo que ahí se perdió una generación.

Siempre tendemos a pensar que nuestros contemporáneos son mediocres, pero en realidad fue la generación pasada los que llevaron a la Argentina crítica que todavía sufrimos.

Se toma un respiro. Nos cuenta de sus viajes, su mes de vacaciones, su vida en Portugal. Alguna de las afirmaciones, le contamos, concuerdan con las de Matías Tombolini, al que también reporteamos en este ciclo. Se alegra de coincidir con él. Le nombramos parte de los entrevistados, se sorprende del nivel de éstos. Al cabo de unos minutos, continuamos la charla.

- ¿Cómo mirás el contexto argentino para el futuro? Parece estar todo en ebullición.


Es un buen punto. En otro momento, con una situación económica como la actual, se hubiera dado un explosión social, y hoy existe mucha contención desde sectores de la política social para que eso no suceda.
En el mediano plazo soy optimista: desde 1930 Argentina entra en un péndulo en el cual va rompiendo toda la constitucionalidad y estabilidad económica construida. La economía todavía no se recuperó, la política comienza a hacerlo en el 83. En el 2019 vamos a conseguir una democracia que camine sobre dos patas, la peronista y la no peronista. Desde 1928 que no existe un presidente que no sea peronista ni militar que termine su mandato. Al terminar Macri su mandato terminaremos con casi un siglo de decadencia institucional.

-Sería un gran logro de la democracia en términos de maduración. ¿Ves una refundación del peronismo, de Cambiemos? O la aparición de otros actores, al estilo Cambiemos…

Depende de la economía, si no explota preveo continuidad.
Hay sectores populares que se identifican en el peronismo y clases medias con lo que no es peronista. Y grupos huérfanos, que se quedaron sin partido. Cambiemos lo que hizo fue representar la misma base social que representaba al radicalismo y los partidos similares.
El peronismo, aun fragmentado, sigue representando a las clases populares.
Cada una representa valores distintos, para las clases medias, educación y mercados internacionales, para las clases populares, trabajo e industria nacional. Me parece difícil que surja algo en el medio.

-¿Qué tuvo que pasar para que surgieran los Trump, los Bolsonaro?

Una tormenta perfecta: recesión, corrupción y crimen. En Estados Unidos, además, el agravante del alejamiento de las élites políticamente correctas y una fragmentación cultural donde las clases medias bajas se sentían extranjeros en su país. Claramente eso no está pasando en Argentina.

En nuestro equipo contamos con especialistas que se encargan de hacer proyecciones y entendemos que estamos viviendo un proceso recesivo importante, basta calcular cuánta deuda tenemos que pagar, intereses… Hay gente contenida, y un Estado que oficia de contenedor. Este deterioramiento, ¿Puede generar algún caldo de cultivo para expresiones políticas radicalizadas que generen un martes trece?

Depende de la economía. La cuestión es qué letra va a tomar la política económica. ¿Va a ser una "V", bajando y subiendo abruptamente?
Nadie lo cree. ¿Será una "U" con una base sostenida hasta que se recupere? La mayor parte de los economistas con los que converso me hablan de una "L", una economía que cae y después se mantiene. El objetivo de un gobierno es generar expectativas de mejoras.

Si esto no sucede, y paso a la segunda parte de la pregunta, en América Latina las reelecciones presidenciales son la norma. Presidente que se puede reelegir, se candidatea, excepción Néstor Kirchner. Presidente que se candidatea, gana, salvo Hipólito Mejía en República Dominicana y Daniel Ortega en Nicaragua. El 90% de los que se candidatean, ganan. Con esta impronta, Macri tiene muchas posibilidades de reelección. En Estados Unidos la tasa de reelección es del 75%. Respecto a Cristina, el presidente que deja pasar un mandato tiene un 50% de chances de ser electo. Dos de los últimos cinco presidentes uruguayos retornaron, lo mismo en Chile. El retorno depende de la economía y la popularidad del presidente que deja el poder. No olvidemos que el candidato de Cristina en la elección pasada sacó el 48%. Así que ambos tienen chances.

-Como persona con un amplio conocimiento académico y una visión de la realidad bastante detallada, ¿Cuáles son los problemas que tenemos que resolver acá desde lo económico?

Acá tengo un sesgo de politicólogo. Yo creo que la política está mejor que la economía. Hay que llegar a través de la política a un acuerdo económico, y esto tiene que ver con los déficits. Primero el fiscal, y el de cuenta corriente. Argentina, hablo de la sociedad y no del Estado, gasta más de lo que produce. Necesitamos necesitar menos dólares. Se puede hacer con crecimiento, con redistribución y ajuste… Alguien tiene que pagar, otros tendrán que compensar a los que tienen que pagar. Pero la manera es esa: depender menos del exterior y exportar más.

Ese el acuerdo político al que hay que llegar, pero se dialoga poco, y tampoco los economistas se ponen de acuerdo.

-Es verdad, no hay acuerdo. La Argentina tendrá que sentarse en algún momento a discutir qué tipo de modelo productivo aplicamos para nuestra sociedad. No podemos estar supeditados a las variables de siempre: el agro, la soja…

Hay que salir del péndulo. La propuesta de los que saben es salir a través del crecimiento de las exportaciones y el turismo. No encerrarse, Argentina ya es -los números lo muestran- el tercer país más cerrado del mundo, después de Sudán y Brasil.

-Muchísimas gracias por este rato. Fue un gusto escucharte y compartir tu análisis.

Gracias a ustedes.

Producción:
Responsable General: José Lezama
Presentes en la entrevista: José Lezama, Viviana Noir
Edición: Pablo Miranda
Coordinación y organización General: Viviana Noir / Alan Cosentino
Permitida su reproducción sin citación de fuente

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